Mr. Barker | Agencia Creativa

Los Angeles devuelve la luz al All Star

Un gran fin de semana liderado por LeBron James y Donovan Mitchell da una pizca de fe a los aficionados y revive a la fiesta por antonomasia de la NBA.

Hace años que el All Star viene perdiendo fuelle. Los jugadores, agotados tras temporadas cada vez más exigentes, llegan a la cita anual con pocas o ningunas ganas de hacer disfrutar a los siempre dispuestos aficionados de todo el mundo; animales nocturnos que trasnochan horas y horas para que sus rojizos ojos vislumbren de madrugada entre cortezas y Coca-Cola alguna maravilla que otra, una pequeña señal divina en forma de mate o triple que les haga sentirse realizados.

El pasado fin de semana, durante los días 16, 17 y 18 de febrero, el All Star llegaba a la ciudad de Los Angeles, hasta hace no mucho la Alejandría de las celebrities y del glamour estadounidense. Ahora, convertida en un volcán en plena erupción de demandas y malos rollos. El baloncesto, una vez más, llegaba como un mesías para calmar las turbulentas aguas y deleitar a los fans con un muy notable espectáculo.

En las últimas fechas, solo los ya legendarios enfrentamientos entre Zach LaVine y Aaron Gordon en el Slam Dunk Contest habían sido objeto de mención. La NBA, ahora liderada por Adam Silver, es siempre muy cuidadosa con el producto que quiere ofrecernos. Sabía que este All Star debía significar un punto y aparte, algo que reavivara el entusiasmo y alejara algunos malos recuerdos, como ver a Stephen Curry, dos veces MVP, tirarse al suelo en vez de ‘defender’ un contraataque de Antetokounmpo. Así, aparecieron nuevos formatos, como el Partido de las Estrellas de las capitanías, con LeBron y el propio Curry como cabezas visibles, o el ya renombrado partido de rookies, conocido como Rising Stars Challenge desde 2012. El típico encuentro para los becarios de primer y segundo año de la NBA, ahora divididos entre Mundo y EE.UU., donde sobresalió un joven serbio. Los eslavos no entienden de amistosos.

 

Ilustración donde aparecen varias estrellas de la NBA

De Zydrunas a Bogdanovic. Una nueva estrella llegada del Este.

Seguramente fue el plato menos llamativo del All Star. Ese puré que debes de tomarte antes de pasar a la empanada o al churrasco. El viernes 16 tuvo lugar la nueva edición del Rising Stars Challenge. Donovan Mitchell, fulgurante rookie de los Utah Jazz, era la principal atracción del partido. Su impacto en Salt Lake City ha supuesto toda una revelación para los aficionados de la liga con sus casi 20 puntos por partido. También se podían prever buenas actuaciones del salvaje Jaylen Brown de los Boston Celtics o del trío de los ambiciosos Sixers, formado por Dario Saric, Ben Simmons y Joel Embiid. Como embajadores locales, Kyle Kuzma y Brandon Ingram intentarían destacar entre las filas del Team USA. Lonzo Ball, la otra gran joya angelina, se quedó fuera de la cita por una lesión de rodilla que lo apartó de las canchas alrededor de un mes.

Mitchell no tardó en hacerse notar. Un increíble mate al contraataque y ayudándose del tablero levantó al pabellón a los pocos minutos del comienzo, augurando un gran espectáculo para el Concurso de Mates del sábado. Mientras, Brown, que acabó el partido con 35 puntos y 10 rebotes, lideró a los yankees de forma constante hasta el fin del partido. Pero todos los focos recayeron sobre Bogdan Bogdanovic. El serbio, todo un clásico en la Euroliga y en los torneos de selecciones pese a sus 24 años, consiguió 26 puntos con un impresionante 7 de 13 en triples. Su adaptación a la NBA nunca debió ser una intriga para los conocedores de su juego y su mentalidad. Titular en Sacramento desde hace meses y con pocas ganas de perder, fue el líder indiscutible de los foráneos y, pese al buen partido de Buddy Hield, acabó siendo galardonado con el premio de mejor jugador del partido tras el 155-124 final. Así, 20 años después del MVP de Zydrunas Ilgauskas como rookie, un eslavo da al lejano oriente europeo un nuevo momento de orgullo en la NBA, con Petrovic siempre en el recuerdo.

Pasado contra futuro en el Skills Challenge.

La NBA es una máquina en constante movimiento. Su historia se divide en pequeños ciclos donde un estilo o un tipo de juego marca a todos los equipos. En estos tenebrosos días vivimos en una dictadura: tres vale más que dos. Bajo ella, los Warriors han alcanzado la gloria en dos ocasiones. Ahora, la mayoría de jugadores deben dominar el balón como un base, tirar como un escolta o un alero y defender como un pívot debajo del aro.

El Skills Challenge del sábado 17 reunía a una buena tropa de jugadores que evidenciaba esta nueva era. Tras las victorias en los dos últimos años de Karl-Anthony Towns y Kristaps Porzingis, dos pívots de última generación, la cita ofrecía el enfrentamiento de 4 bases-escoltas y 4 jugadores interiores. Así, Lou Williams competiría contra Jamal Murray, Spencer Dinwiddie contra Buddy Hield, Al Horford contra el omnipresente Joel Embiid, y el finlandés Lauri Markkanen (gran temporada la suya en Chicago Bulls) contra Andre Drummond.

El representante de los bajitos en la final fue seguramente el que menos cartel tenía, Dinwiddie, de los apocalípticos Nets. Por el otro bando, Markkanen, que había demostrado unas grandes aptitudes para el pase, el dribbling y el tiro durante todo el desafío, fue el otro finalista. Dinwiddie volvió a casa con el trofeo debajo del brazo, seguramente una gran satisfacción personal viendo el desmadre deportivo instalado en Brooklyn desde hace años, tras hacer una final prácticamente perfecta.

Booker se libera en el Concurso de Triples

Convertido en una competición de culto desde aquel dedo que levantó Larry Bird hace años y se fue hacia el banquillo con la total confianza de que ese balón entraría, los aficionados esperan este concurso con gran ansia, no solo porque precede al Dunk Contest, sino porque el triple es un arte y, hoy en día, hay muchos genios que lo dominan.

Klay Thompson, Eric Gordon, Paul George, Bradley Beal, Kyle Lowry, Devin Booker, Wayne Ellington y Tobias Harris serían los encargados de disputarse un pedacito de protagonismo en el All Star de 2018.

Desde la inclusión del nuevo formato hace un par de años, con un carro extra de balones tricolor, el tope de anotación está en 34 puntos. George (con sólo 9 puntos), Lowry y Beal fueron los primeros en claudicar, cediendo la final al Splash Brother (esta vez en solitario) Klay Thompson, a Tobias Harris y al joven Booker. Pese a sus 21 años, el escolta de los Suns ya cuenta con su pequeño salón de la fama particular en la NBA. Hace poco menos de un año consiguió alcanzar la estratosférica cifra de 70 puntos en un partido de la Regular Season y, el pasado sábado, marcó una nueva muesca en su muñeca, que apunta muy alto pese a estar encerrada en unos deprimidos Suns que buscan una lenta reconstrucción a base de rondas del Draft. Booker alcanzó los 28 puntos, instaurando un nuevo récord en el concurso, dando un respiro a su corta pero dura carrera en la NBA. Grandes cosas se esperan de él, seguramente fuera del estado de Arizona.

Mitchell quiso volar como Carter, y casi lo consigue.

El sábado cerraba la programación con el esperado Slam Dunk Contest. A priori, todos los participantes suscitaban una gran expectación al ser considerados verdaderos especialistas en la materia de destrozar aros. Larry Nance Jr., un ala pívot con una interminable lista de highligths en su etapa en los Angeles Lakers, Victor Oladipo, reconvertido a estrella de la liga en Indiana Pacers y uno de los maestros del 360, Dennis Smith Jr., el joven de la manada pero con unos muy buenos primeros meses en los Mavericks, y la estrella del show, el candidato a ROY Donovan Mitchell.

Mitchell comenzó con un mate con dos canastas sobre el parqué. Lanzó el balón con fuerza contra el tablero de la primera y machacó en la segunda. Un mate muy similar al que vimos en el Rising Star Challenge. Le siguió Larry Nance, que quiso homenajear a su padre (primer campeón de este mismo concurso en 1984) con un mate a la antigua usanza. Estético, en pantalones ajustados y fuerte, muy fuerte, como si fuera el mismísimo martillo de Thor quien golpease el aro. Oladipo fue sin duda la gran decepción de la edición de este año. Erró ambos mates en el primer intento, lo que damnifica el espectáculo y la primera impresión, y pese a vestirse de Black Panther, el trigésimo noveno héroe de Marvel en dar el salto a la gran pantalla, dejo la peor puntuación del certamen.

Dennis Smith Jr. hizo seguramente el mejor mate del concurso. Voló con su escaso 1,90, giró en el aire mientras se pasaba el balón entre las piernas y finalizó con la zurda. Una auténtica obra de arte. Su otro mate, no tan alucinógeno, le impidió entrar en la final.

Así se plantaron Larry Nance y Donovan Mitchell en la final. Los dos concursantes que habían realizado una seria primera ronda. Nance consiguió un mate con doble palmeo en el tablero, poco contundente a primera vista, pero extremadamente difícil tras visualizar la repetición. Mitchell, tras una primera intentona no demasiado llamativa, quiso acabar el concurso por lo grande. De repente, se quitó la camiseta, dejando boquiabierto al pabellón entero. Debajo, la de Vince Carter, el seguramente el mejor participante que haya pasado por este concurso. Imitó su mate, pese a la dificultad, abriendo el brazo todo lo posible y girando en el aire como una bailarina rusa. Machacó y el pabellón estalló. Seguramente más extasiado por el homenaje a la leyenda que por el brinco en sí. Se acercó al sol y no se quemó, toda una proeza, mientras gritaba “ITS OVER” a la cámara. Y sí, allí acabó.

 

LeBron no deja pasar la oportunidad y vence al Team Curry.

Todos los años es lo más esperado. Sólo para los más valientes, ya que el partido se juega la noche del domingo, un espacio reservado para la depresión creada al ver el ciclo semanal cumplido y reiniciado.

Este año cambiaba formato, nada de conferencia Oeste contra Este, algo un poco obsoleto en los últimos tiempos, normalmente dominado por los vaqueros de las largas llanuras y las tierras bañadas por el Pacífico. Los dos jugadores más votados, archienemigos hasta el fin de sus días, fueron nombrados capitanes y eligieron las piezas que les podrían llevar a la victoria.

Este nuevo partido nos dejó combinaciones de jugadores improbables, como ver a dos de las bestias más competitivas de la historia juntas. Russell Westbrook y LeBron James. Toda una delicia, y más si le añadimos a dos de los tres mejores anotadores de la liga, Irving y Durant. Casi nada.

Curry apostó más por el ‘cuñadismo’ con sus amigos Klay Thompson y Draymond Green. Además, agregó a la combinación a la ‘Young Blood’. Karl-Anthony Towns (17 puntos y 10 rebotes), Giannis Antetokounmpo (16 puntos ) y Joel Embiid (19 puntos y 8 rebotes) sirvieron al maestro tirador con buenas actuaciones.

En el primer cuarto, los equipos no pusieron demasiado entusiasmo en desprender unas cuantas gotas de sudor. El partido avanzó como como en las últimas ediciones. Mucho fallo en el tiro, inexistente defensa y algún que otro contraataque para lucirse de cara a los focos. El segundo se convirtió en un auténtico campo de tiro al blanco. Los triples entraban desde todas las posiciones. Unas aguas donde suele lucirse Thompson, que anotó 5 triples en todo el encuentro. Bradley Beal, debutante en el partido, hizo notar la facilidad que tiene para la anotación (14 puntos en 16 minutos). El también debutante Damian Lillard acumuló un total de 21 puntos, con algunos tiros lejanos de una dificultad extrema.

Los minutos avanzaban y el Team Curry se alejaba en el marcador, hasta una ventaja de 10 puntos en la segunda mitad del tercer cuarto. LeBron James, que parece querer ganar a Curry en cualquier momento y en cualquier lugar, dominó el partido de principio a fin con la elegancia y determinación que sólo él conoce. Curry, pese a alguna buena jugada desplegada gracias a su infinita calidad, no tuvo un día tan inspirado como su paisano de Akron. Esta batalla no iba con él y acabó con sólo 11 puntos, más pendiente de jugar con cinta en la cabeza o sin ella que en el reto que le proponía LeBron.

Así llegamos al último cuarto; con todo por decidir gracias a la remontada del Team LeBron. Y comenzaron a defender. Algo que la más joven generación de fans de la NBA nunca había presenciado. Manos por doquier, dos contra uno y cerrar los pasillos interiores fueron los emblemas del TL. La controversia llegó cuando a Embiid, que recibió un balón al poste defendido por Durant, se le escapó el esférico y el árbitro pitó fuera para los de Curry. Durant no había interferido en la jugada y los árbitros fallaron en la toma de decisión. LeBron entró en cólera. Exigió la revisión de la jugada, pero nada cambió. Entonces se encendió y acumuló una serie de canastones hasta la combinación final, donde Irving, Westbrook y él mismo crearon una jugada de tiralíneas, como una pared al borde del área, y remataron prácticamente el partido. Curry se asfixió con el balón en las manos y el tiro de DeRozan ni siquiera rozó aro. Un final épico para un gran fin de semana. El rey cobró su pieza, el MVP, gracias a sus 29 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias. La próxima cita será en Carolina del Norte, casa de Jordan. La cuenta atrás ya ha comenzado.

 

Publicado en

Pablo Lodeiro

El baloncesto me abrió sus puertas sin pedirme nada a cambio y le dí todo mi entusiasmo y energía. Con el paso de los años y tras muchas noches en vela, utilizo mi mente y mis dedos para escribir sobre él, sin amagos ni dudas. Este deporte se merece que lo transmitan tal y como es y estoy aquí para llevar a cabo esta misión casi divina. Desde Galicia, Madrid o cualquier parte del mundo, hablemos de basket, hablemos de NBA.

1 Comment

  1. Sonsoles Fernández García el febrero 26, 2018 a las 7:23 am

    Como bien dices: NBA, máquina en constante movimiento. Lo reflejas a la perfección. Enhorabuena.

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