Mr. Barker | Agencia Creativa

El Contexto es el contexto.

El pasado fin de semana, entre “mortíferas” avispas velutinas, cantidades ingestas de churrasco, licores y cigarrillos, uno de mis amigos lanzó una lapidaria frase: “Westbrook nunca va a ganar un anillo”. Inconcebible, como diría el “astuto” siciliano de La Princesa Prometida. Mi mente, perpleja y desconcertada, entró en plena efervescencia intentando buscar miles de contrapuntos y teorías para desbancar semejante afirmación. La verdad es que tras unos minutos de conversación, me fue imposible seguir rebatiendo las afiladas y punzantes declaraciones de mis amigos, todos ellos fieles seguidores de la NBA. Principalmente, porque esa frase carece de una base sólida para considerarse como un juicio que dé paso a un coloquio interesante.

La historia de la NBA es bicéfala en cuanto a elegidos y repudiados en el camino hacia la gloria. Hay decenas de jugadores que parecen ser creados con la marca de nacimiento del vencedor. Esos deportistas que, a priori, parece imposible que se les pueda escapar el éxito deportivo, como es el caso de Karl “The Mailman” Malone o John Stockton, estrellas de los Utah Jazz de los 90 y superdotados para el baloncesto, que sin embargo nunca consiguieron alzarse con un anillo de la NBA. Este es el affaire más popularizado para hablar de injusticias baloncestísticas, pero también hay ejemplos en la dirección contraria. Jugadores que nunca destacaron, conflictivos incluso, y que al final encontraron su sitio en un equipo ganador. El recuerdo más cercano que traen mis pensamientos es el de DeShuan Stevenson, escolta de los Dallas Mavericks campeones en 2011. Tatuado y con cresta mohicana, el jugador que parecía sacado de una escena de The Wire culminó unas finales épicas (como todo su equipo), defendiendo a Wade de forma soberbia y aniquilando la defensa de los Heat desde la línea de los tres puntos. Stevenson seguramente no había nacido predestinado para la gloria en la NBA, pero gracias al contexto pudo sacar a flote todas sus virtudes y pasar a la historia de la liga.

Todo lo que rodea a Westbrook desde que llegó a la NBA suele estar plagado de negatividad y detractores. Su impulsivo estilo de juego, su hipotética mala relación con Durant (algo que el propio alero negaría rotundamente en el discurso cuando fue nombrado MVP con los Thunder) y su individualismo, que le llevó a promediar un triple doble durante las dos últimas temporadas regulares, parecen haber condicionado en exceso su carrera.

Russell, como todos los jugadores, necesita de ese contexto. Porque el contexto es el contexto, en “palabras” de Manquiña. Un jugador único como Westbrook necesita de un ambiente especial y más ajustado a sus necesidades incluso que los demás. James Harden, actual MVP, hasta hace nada era considerado como una estrella media, gran anotador pero nulo en defensa e implicación. Sin embargo, con Chris Paul y Clint Capela, el panorama de los Rockets ha cambiado en gran medida, hasta ser considerados en la actualidad como los favoritos para desbancar a los ya legendarios Golden State Warriors. Seguramente se hicieron afirmaciones parecidas hace no mucho hacia magnates del juego como Kobe Bryant o incluso Stephen Curry, por qué no.

Por todo esto me parece cuanto menos precipitado marcar el destino de un jugador para siempre con la facilidad de quién califica a un periódico de derechas o izquierdas. Nada es tan sencillo en la vida. Todo requiere de un análisis más profundo.

Los “nuevos” Thunder, tras la marcha de Carmelo Anthony tras un año desastroso y eliminados en primera ronda por los precoces Utah Jazz de Donovan Mitchell, están en busca del contexto. La renovación millonaria de Paul George, las firmas de jugadores como Nerlens Noel y Dennis Schröder, y la apuesta continuista por soldados como Jeremy Grant, Steven Adams y André Roberson, parecen un nuevo paso en busca de esa gran respuesta a los aficionados que no creen en los Thunder ni en Westbrook. El tiempo les puede dar la razón pero también se la puede quitar. La clave está en buscar el porqué y en huir de los pseudorazonamientos infundados.

Publicado en

Pablo Lodeiro

El baloncesto me abrió sus puertas sin pedirme nada a cambio y le dí todo mi entusiasmo y energía. Con el paso de los años y tras muchas noches en vela, utilizo mi mente y mis dedos para escribir sobre él, sin amagos ni dudas. Este deporte se merece que lo transmitan tal y como es y estoy aquí para llevar a cabo esta misión casi divina. Desde Galicia, Madrid o cualquier parte del mundo, hablemos de basket, hablemos de NBA.

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