Mr. Barker | Agencia Creativa

Podcast: Arena Negra (Parte II)

Escucha “Arena Negra 2” en Spreaker.

Desperté en la cama de Jesús, un amigo, no el Mesías. Sonreía alegrado.

-Pensaba que ibas a estar durmiendo todo el día.

-¿Qué ha pasado?- dije mientras me incorporaba poco a poco.

-Pues que salió bien después de todo… Estamos cenando en el salón, date prisa.

Jesús salió sonriente de la habitación. Busqué algo de ropa en la maleta que tenía al lado de su cama. Apenas había sacado nada desde que llegué.

Fui al baño a cambiarme y a darme una ducha fría. No estaba claro lo que había pasado. Parecía que todo iba bien. Seguía siendo de noche. ¿Habría estado inconsciente todo el día o era la misma noche? No debía preocuparme. Estaba vivo, iba a darme una ducha y mis amigos esperaban para la cena.

Abrí el grifo y, tras unos minutos, entré. Cuando me acostumbré a la temperatura, dejé que el agua bajara por la cabeza taponándome los oídos mientras respiraba profundamente. Escuchaba lejanas las gotas que caían a mis pies. Como un zumbido constante y apagado. Un poco de sangre corría con el agua por el suelo de la bañera. La cabeza me escocía y al pasar los dedos noté una zona reseca con costra. Tenía una herida debajo de la coronilla. Supuse que fue cuando me desmayé.  Después de curar, como pude, la herida con champú y gel, salí de la ducha.

Puse el radiocaset que había cerca del lavabo y saqué un cigarrillo entre la ropa que había llevado para cambiarme. El espejo estaba empañado, pero pude ver que mi cuerpo estaba lleno de moratones en la espalda y en un costado. No sentía el dolor, pero las heridas tenían mal aspecto. Mientras la música salía de la radio, medité un poco. Realmente ningún tipo de pensamiento rondó mi cabeza, sólo estaba en silencio, esperando a una iluminación que sabía perfectamente que no iba a aparecer.

Me cambié de ropa, me peiné como pude y me eché un poco de colonia de Jesús; seguro que no le importaba. Anduve por los pasillos estrechos y oscuros de la casa hasta llegar al comedor. Desde fuera se escuchaba un conjunto de voces que impedían que se pudiera distinguir ninguna. Corrí las puertas de la entrada.

Todos sonrieron al verme. Fui saludando a los chicos con la mano o la mano y un abrazo si me alegraba especialmente de verlos. Y a las chicas con dos besos mientras apoyaba una de mis manos en su vientre o la pasaba por sus costados. Dependiendo de cómo se desarrollaran los saludos, hacía una cosa o la otra.

Me senté en la parte final de la mesa, por el centro más o menos. Al lado estaba Laura, una chica que apenas conocía, pero con la que siempre jugaba. Nos designábamos como amigos, pero sabíamos que no lo éramos. Su cuerpo me impedía concentrarme en el resto de la habitación. Era alta, con curvas y un poco rellena. Pálida de piel, un pelo muy negro liso que le llegaba hasta la cadera y ojos castaños. A muchos de los chicos les atraía físicamente, pero decían que era gilipollas. Las chicas la solían odiar porque decía muchas estupideces. A mí me daba igual, era una buena chica y yo no era un premio Nobel. Tenía cosas que a la gente normal no le suele gustar: los cómics, palabras cultas, decir verdades incómodas, soltar veneno de vez en cuando, un ego un poco grande y alguna cosa más. Pero no era para tanto, o no le daba tanta importancia; era una persona con defectos como cualquiera que juzga. Todos teníamos nuestras cosas y, si no las ves, otros las verán por ti o se las inventarán.

La perfección es algo que nunca nos ha divertido.

La cena pasó entre pizzas de microondas que sabían a plástico y alcohol del barato, que aun así era caro. Hablamos de anécdotas, personas que no estaban, futuro, pasado y planes. Luego pusimos música que, a veces, cuando el ritmo era lo suficientemente fuerte, hacía que las chicas movieran las caderas suavemente mientras bailaban sentadas. Algunos chicos se movían al ritmo de los graves y otros desacompasados.

Hicieron fotos. Laura se levantó para hacerse una foto con otro chico. Después de que saliera el flash, ella me llamó para que me sacara una con ella. La agarré de la cintura y luego mi mano encontró la suya y las entrelazamos apretándolas. Salió el flash. En la foto sólo se verían nuestras caras, no habían cogido nuestras cinturas. Después seguí cogiendo su mano y dejamos las sillas para sentarnos en un sofá. Ella se sentó en mi regazo.

-Somos amigos, esto no funcionará.

-Tienes razón- dije.

Después nos besamos, que al fin y al cabo era lo que queríamos hacer en ese momento. Me vino otro mareo. La habitación empezaba a oscurecer y todo daba vueltas. Una fuerte angustia empezó a apoderarse de mi corazón, que latía desenfrenado. Volvía a estar en peligro. Intenté levantar mis párpados, pero era imposible. Antes de quedar perdido en esa oscuridad extraña que me perseguía, agarré el cuello de Laura y me acerqué para respirar  profundamente el aroma de su perfume.

Un dulce que no pudo evitar la amarga oscuridad que me perseguía.

 

Publicado en

Blue RS

Me dedico al mundo de la producción audiovisual, aunque he trabajado también en fotografía, la edición de vídeo y he sido director de arte en agencia. Me gusta el cine, leer, boxear y salir de noche. Tengo un humor bastante negro que no suele molestar a la gente o eso creo.

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