Mr. Barker | Agencia Creativa

Podcast: Arena Negra (Parte I)

Escucha “arena negra 1” en Spreaker.

 

Había bebido lo suficiente para estar borracho. Eran las fiestas de un pueblo. Había quedado con unos amigos que tenía desde hace un par de años. Las cosas pasaron rápidas, como cuando te lo pasas bien. Habíamos llegado a un lugar que estaba apartado de la feria. Aun así había gente. Los dos hermanos estaban apoyados, meando contra la pared de la iglesia. Mientras lo hacían, observé una máquina para dar puñetazos que medía la intensidad con la que pegabas. Di un trago a mi copa, la dejé en el suelo, metí una moneda y la pera de cuero salió de la máquina para recibir el golpe.

Antes de sacudirla, me preparé un poco. Espalda recta, pierna derecha delante e izquierda atrás y di un puñetazo suave y ligero sin golpear la pera para ver cómo tenía que ser el golpe. Un grupo de chicas que estaban sentadas en un banco cercano cuchicheaban. Una de ellas tomó la iniciativa y gritó.

-¡Venga, flipado, seguro que no sabes ni dar!

Me di la vuelta y le sonreí, después me volví a concentrar en lo que estaba.

-¡Esmirriado!- dijo una.

-¡Feo!- dijo otra a la que tampoco conocía.

-¡Dale ya y deja de hacer el capullo!- volvió a decir la ‘líder’ de ese grupo de chicas que se desahogaban y escupían todo su veneno. Ese que al parecer les sobraba a todas.

Con el alcohol que llevaba encima y sus insultos me sentía tranquilo. Era una situación agradable; no me disgustaba. Quise alargarlo más. Recogí mi copa y di un trago largo. Después, di vueltas en semicírculos alrededor lanzando puñetazos lentos sin tocar la pera.

-¡Maricón!

-¡Eres un payaso!

-¡Sólo haces el ridículo!- decían entre risotadas.

Qué energía me daban aquellas paletas. Empecé a saltar de la emoción de un lado a otro con los puños preparados y sin perder la pera de vista. Sabía perfectamente que iba a dar un buen golpe; llevaba toda la vida dándolos y las  máquinas como esta siempre las probaba una o dos veces cada vez que iba a una feria. Sólo debía relajarme y esperar. Golpear en el momento adecuado. Ni antes ni después. Me gusta dar puñetazos por placer, no pretendo entretener a nadie.

Giré la cabeza para buscar a los hermanos, pero se habían esfumado. Entonces, tuve una extraña urgencia interna. Tenía que golpear.  Cuando dispuse el cuerpo para dar a la máquina, un fuerte mareo me desorientó. Di varios traspiés de un lado a otro y perdí el equilibrio. Todo se difuminaba sin sentido. Tenía que  golpear. Pero la máquina había desaparecido y el grupo de chicas también. Los mareos se hacían más fuertes y tampoco encontraba mi copa.

No hay nadie en la calle, ningún rastro de la feria; vacío. Los ojos se me cerraban y supuse que iba a escalabrarme contra los adoquines en cualquier momento. Antes de que la nada me tragase, daría mi mejor golpe al aire. Todo oscureció.

Después de la verdad llega el silencio.

 

Publicado en

Blue RS

Me dedico al mundo de la producción audiovisual, aunque he trabajado también en fotografía, la edición de vídeo y he sido director de arte en agencia. Me gusta el cine, leer, boxear y salir de noche. Tengo un humor bastante negro que no suele molestar a la gente o eso creo.

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