Mr. Barker | Agencia Creativa

Feroz III

Los pájaros cantaban cuando recuperé la conciencia. Estaba tumbado y mis ojos veían un cielo azul tras las ramas de los árboles verdes mecidas por un viento tranquilo. Parecía la brisa de una mañana de verano. Me estiré en el suelo y me restregué las manos por la cara. ¿Qué hora sería? Mis padres deberían estar preocupados por sus hierbas. Pero creo que podrían sobrevivir sin aderezar sus platos. Antes de incorporarme, repasé lo que me quedaba en los bolsillos. Seguía teniendo la linterna, el mechero y los cigarrillos. La mochila, la navaja y la bolsa de los hierbajos habían desaparecido. Tuvo que ser un mal sueño, o la fiebre me jugó una mala pasada. La mano en la que me había cortado estaba vendada con un pañuelo rojo. Antes de que me pudiera examinar la herida, una sombra se me puso encima.

-Al fin despiertas- dijo sonriente aquella chica morena.

Mi mente se colapsó al verla, qué guapa era.

-¿Quién eres, qué ha pasado?

Ella sonríe.

-Que nunca es una buena idea coger hierbas venenosas y dormir en el bosque. Te he traído algo de comer…

Ella se dio la vuelta y empezó a buscar en su bolsa. Al intentar girarme para seguir viéndola noté cómo tenía todo el cuerpo entumecido. Respiré con fuerza intentando contener el dolor. Ella, sin dejar de buscar en la cesta, me dijo:

-No hagas esfuerzos, tonto.

-¿Por qué me has ayudado?

-No sé, parece que les caes bien a los lobos y además me pareces guapo.

Me sonrojé y no supe que decir salvo:

-Gracias… por  cierto ¿Cómo te llamas?

-Dessy- Contestó ella.

-Yo, Feroz.

-Que nombre tan… particular. Nunca lo había escuchado.

-Mis padres no me quieren mucho.

– Yo no conozco a los míos.

-Lo siento…

-¿Por qué lo vas a sentir, tonto? No pasa nada. Soy feliz.

Ella se acercó para darme la comida. Estiré el brazo para coger lo que me había estado preparando. Pero no había nada, sólo cogí su mano. Nos miramos, nos miramos unos segundos, nos miramos un rato. La acerqué hacia mí y la besé. No podría describir esa sensación, no podría decir qué es lo que se siente en ese momento. Pero esperaba que nunca terminara.

Aquel beso era tan lejano que creía que lo había olvidado. No podía recordarlo, no sé si habían pasado unos minutos o unos años. Sólo parecía un buen recuerdo que se iba desgastando.

Ya se había hecho de noche en el bosque y estaba tambaleándome entre los árboles. La lluvia era tan fuerte que atravesaba las hojas y encharcaba todo. La ropa, mojada, me pesaba el doble y caminaba perdido pero con decisión. Sólo podía ver lo que mi linterna me enseñaba, que no era mucho. Las pilas se estaban acabando y perdían potencia. El haz de luz me enseñó otra vez al engendro que me llevaba persiguiendo toda la vida. Pero ya estaba cansado, ya no iba a correr más.

Era desagradable, sucia, fuerte y sobrenatural. ¿Por eso me iba asustar? Yo podía ser mucho peor. Sólo tenía que dejarme llevar. Apagué la linterna, así no podría verme. Dejé de pensar y me pasé la lengua por los colmillos.

 

Publicado en

Blue RS

Me dedico al mundo de la producción audiovisual, aunque he trabajado también en fotografía, la edición de vídeo y he sido director de arte en agencia. Me gusta el cine, leer, boxear y salir de noche. Tengo un humor bastante negro que no suele molestar a la gente o eso creo.

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