Mr. Barker | Agencia Creativa

Delirios de nada III

Un silbido salía de dentro de la oscuridad de los árboles. Era como una canción alegre y sencilla, que se entonaba perdida en el interior una y otra vez. Por muy melódica que fuera, cada vez que se repetía aquel silbido, tenía más miedo.

Caminé hacia atrás, arrastrando los pies por la arena para no perder el equilibrio mientras la sujetaba con un brazo y la mantenía detrás de mí. Una nube de polvo iba creciendo según retrocedíamos.

Habríamos reculado unos 6 metros. Con la melodía empezaron a moverse las copas de los árboles. Se levantó una ligera brisa y, cada poco, se escuchaban los chasquidos de las ramas.

Ese silbido no se me va a quitar nunca de la cabeza. Aquel lugar era frío. Flexioné las rodillas mientras la sujetaba de la mano y, con la que me quedaba libre, me puse en guardia. Ella estaba asustada pero sobre todo triste. La melodía y los sonidos pararon, hubo un silencio incómodo entre el bosque y nosotros. Yo seguía ahí quieto, en guardia, esperando. Tenía la respiración entrecortada y escuchaba que ella empezaba a sollozar muy bajo. No la podía ver, pero su mano se apretó contra la mía. Creo que ella también conocía este lugar.

El chico que estaba sacando al perro me había visto montar ese escándalo y se acercó bordeando la entrada del bosque. Se quedó mirándonos y gritó:

-¡Ven a jugar con Tango!

Ella se sorprendió y me preguntó:

-¿Lo conoces?

-Es mi hermano.-dije- Tápate los ojos.

-¿Por qué?

-Porque tú puedes y yo no.

Ahí estaba. Tan sonriente, con el pelo alborotado, sus pantalones vaqueros rotos y su sudadera gastada. Le echaba de menos. También a Tango, ese cachorro de piel marrón que nos regalaron un día de primavera como otro cualquiera. Algo lo cogió y lo metió dentro del bosque, el perro fue detrás de él ladrando. Estaba ahí quieto, sin  moverme, escuchando los gritos de mi hermano, como lo desgarraban y no podía hacer nada. No podía evitar llorar, pero seguía concentrado en que no nos pasara nada. Ella me preguntó con una voz vacía y descompuesta.

-¿No le ayudas?

-Mi hermano murió aquí hace tres años.

Las sombras se movían dentro del bosque de un lado a otro. Nerviosas; querían más. Sus gritos se escuchaban por todo el valle. Querían cogernos, pero no podían salir de ahí hasta la noche. Teníamos que darnos prisa.

Ella cayó al suelo enferma, estaba agotada y ese lugar te quita la vida poco a poco. Con las pocas fuerzas que me quedaban la cargué en mis brazos. Las bestias alteradas rugían con rabia. Me di la vuelta y nos pusimos en marcha. Esperaba dejar aquello y andar hasta que apareciera algo, cualquier cosa.

Llevaríamos varios kilómetros de caminata, ya no veíamos el bosque. Estábamos atravesando un valle verde, a un lado se podía ver un gran río que serpenteaba hacia las montañas y al otro, había un campo liso, salvo por una pequeña excepción. Un rascacielos que llegaba hasta las nubes rompía el paisaje. A su alrededor no había ni carreteras, ni coches ni gente. Solo estaba aquel edificio acristalado en medio de la hierba.

Estaba atardeciendo y ella había recobrado un poco la conciencia. Apenas le quedaban fuerzas para agarrarse a mi cuello mientras la llevaba cargada a mis espaldas. No sabía ni a dónde iba. Tenía fe en encontrar algo, pero, siendo realista, sabía que estábamos muy jodidos. Ese mundo no lo conocía. Nadie nos había preparado para eso. Supongo que nadie se lo habría imaginado. Metí mi mano derecha en el bolsillo trasero de mi pantalón. Saqué un cigarro y luego el mechero, miré al sol; por lo menos hacía un buen día. Me encendí el cigarro y di una buena calada. Me concentré en poner una pierna delante de la otra y en seguir con aquel viaje hacia donde fuera.

Nada más desaparecer el último rayo de sol,  el silencio tomó el bosque. Las bestias se escaparon de aquel lugar. Corrían, su presa estaba cerca. La noche las amparaba. En unas horas, probablemente, diesen con ellos.

Publicado en

Blue RS

Me dedico al mundo de la producción audiovisual, aunque he trabajado también en fotografía, la edición de vídeo y he sido director de arte en agencia. Me gusta el cine, leer, boxear y salir de noche. Tengo un humor bastante negro que no suele molestar a la gente o eso creo.

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