Mr. Barker | Agencia Creativa

Clase práctica I

Había gente por todos los lados, llegaba tarde a clase y corría sin saber a dónde. Todavía no entendía como funcionaba todo. Que si aula tres en el piso uno, que si clase número dos en la tercera planta. Aquello era demasiado grande para entenderlo en un mes. Apenas conocía la ciudad. Suponía que a medida que pase el tiempo todo sería más sencillo o soportable, pero estaba relajado a pesar de la lluvia y el cielo encapotado de todo el día. Entonces tampoco era diferente. Las siete de la tarde y el sol había desaparecido al otro lado de la montaña; las nubes negras y una fina lluvia inundaban hasta donde me alcanzaba la vista.

El campus no estaba mal, lleno de árboles y césped en medio del ajetreo de la ciudad. Parecía un oasis, sólo que no lo era. Subí una de las largas escaleras que daban al hall. Habían llegado tres personalidades de Sudáfrica para hablar sobre el racismo. Eran defensores de los derechos universales y, por lo que parece, también eran puntuales; algo que te abre muchas puertas. Pero la  gente como yo se encontraba fuera con cara de tonto y jadeando. Podría tener incluso horas muertas hasta que empezara la siguiente clase.

Decidí dar una vuelta ya que esperar es una de las muchas cosas que me molestan. También las moscas, los ruidos muy fuertes o el humo de un cigarro mal apagado. Primero, recorrí los pasillos ajetreados. Gente mirando apuntes, hablando o contando algo apoyada en las paredes o en los bancos de espera. Luego volví al hall, me situé en el centro y miré hacia arriba. Se veían los cinco pisos perfectamente alineados, uno encima de otro y, al fondo del techo, una gran cristalera que impedía el paso del agua. Para mirar al centro de aquello tenías que erguir el cuello, algo que daba una sensación relajante, como si te estiraras tras mucho tiempo quieto. Las personas pasaban de un extremo al otro del hall ensimismadas en sus cosas, con sus móviles y sus pequeñas o grandes historias personales. Apenas se fijaban en el tipo que miraba los cristales. Yo siquiera reparaba en ellos tampoco. A veces pienso que sólo soy un tópico andante; con mi cuadro psicológico marcado, mis rutinas, hábitos y un largo etcétera. Suerte que ni soy psicólogo ni entiendo nada. Actuaba, reaccionaba y hacía todas esas cosas sin entender por qué. Y no me preocupaba.

Tras dar varias vueltas, un café y un chicle de canela, volví a la clase. La puerta seguía cerrada. Me agazapé en un banco cercano del pasillo y, poco a poco, fui cerrando los ojos. No había dormido nada en estas semanas y el cansancio aparecía en momentos poco adecuados. Cogí mi abrigo y, a modo de manta, me lo eché por encima. Los ojos comenzaron a pesarme, un pequeño calor se empezó a asentar por mi cuerpo y, a pesar de que no debía dormirme, lo hice.

Publicado en

Blue RS

Me dedico al mundo de la producción audiovisual, aunque he trabajado también en fotografía, la edición de vídeo y he sido director de arte en agencia. Me gusta el cine, leer, boxear y salir de noche. Tengo un humor bastante negro que no suele molestar a la gente o eso creo.

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