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Temblores: el western clásico y la serie B de los 90 en perfecta armonía

La película de bajo presupuesto dirigida por Ron Underwood, pese a ser poco conocida por el público actual, se ha convertido en todo un clásico del cine de culto entre los freaks adictos a los monstruos de cartón piedra y a la épica del cine de vaqueros.

John Carpenter fue el genio que convirtió el cine cutre en arte. Muchas de sus películas, a pesar de contar con un presupuesto muy inferior a otras producciones ‘made in Hollywood, convertían lo roñoso en belleza, a los actores amateurs en auténticas leyendas de la industria y devolvían la esperanza a los cinéfilos que ansiaban películas hechas con el amor y el cariño con los que fue concebida el máximo exponente de este cine, ‘La Guerra de las Galaxias’. De las manos de Carpenter surgieron obras maestras como ‘Fantasmas de Marte, ’2013: Rescate en Los Angeles’ (Plisken El Serpiente, toda una deidad pagana), ‘Vampiros’ y las inolvidables ‘Halloween y La Cosa: el enigma de otro mundo’.

En cualquier caso, se creó durante esta década de los noventa una escuela de directores que, arruinando a sus familias o sometiéndose a experimentos del gobierno (una leyenda urbana cuenta que Robert Rodríguez consiguió así la financiación para ‘El Mariachi’), consiguieron sacar a flote una buena cantidad de películas de serie B que inundaron las pantallas de medio mundo. En este contexto surge la genial Temblores.

 

 

Dos ‘chucillas’, cuya única meta en la vida es cambiar favores de mantenimiento o bricolaje a cambio de cerveza en el hipotéticamente tranquilo Perfection Valley, Nevada, descubren durante sus andaduras que varios de sus vecinos han sido terriblemente asesinados por algún tipo de animal. Sus investigaciones les llevan ante el causante: un gigantesco gusano de la época del pleistoceno que, dormido durante siglos bajo tierra, ha vuelto para sembrar el caos y la destrucción en el pueblo. Por su parte, los dos protagonistas, interpretados por Fred Ward y un jovencísimo Kevin Bacon, utilizan sus conocimientos de chapuzas para detener esta amenaza prehistórica.

Si diseccionamos la película, pese a lo surrealista y cutre que puede sonar a primera vista, esta joya de serie B está hecha con un mimo increíble, alejada de la coña marinera de producciones más recientes como ‘Sharknado’ o ‘Castores asesinos’. Underwood demuestra en ‘Temblores’ tener una buena mano para hacer cine. Las bromas son justificadas y necesarias, y, durante todo el film, el aura del clásico western sobrevuela el ambiente, convirtiéndolo prácticamente en una película perfecta del género. Mención especial a Michael Gross, que da vida a Burt Gummer (el único personaje que aparece en las cinco partes de la saga gravoide), un loco de las armas antigubernamental que hace despegar a las películas con sus apariciones. “Hagan lo que mejor hacen los federales: cojan algo simple y complíquenlo”.

 

Fotograma de la película Temblores.

 

La saga se prodigó hasta su quinta secuela, ‘Temblores 5: Bloodlines’, la cual mi desconfiado cerebro todavía no me ha permitido visualizar, inseguro ante lo que pueda esperar al otro lado de la pantalla. Es verdad que las continuaciones tienen sus momentos, pero pierden ese afecto y originalidad de la primera. No será la más glamurosa ni la que más presupuesto tenga, pero es realmente cojonuda.

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