Mr. Barker | Agencia Creativa

El Brote

– ¿Hola…? – susurró entre jadeos, intentando contener su agitada respiración. Sabía que su vida dependía de no llamar la atención de aquellos que lo estaban buscando fuera. Ante su determinación, únicamente obtuvo la respuesta del que había sido su fiel compañero desde hacía ya tiempo: el silencio… […]

Un único acto de valentía generalmente tiene poco alcance y, por tanto, poca repercusión… – ¡ ¿Me oye alguien? !  – a pesar de haber elevado un poco el tono, únicamente volvió a responderle su viejo amigo… Los torpes pasos y los repugnantes gruñidos se oían cada vez más próximos, su corazón se aceleraba. […]

Algo arañó la pared desde fuera… Ante la desesperación que sentía, aspiró una intensa bocanada de aire. Sabía a sangre… olía a podredumbre… y exclamó, a toda prisa, sus últimas palabras antes de abandonar su refugio: – ¡Han conseguido llegar hasta aquí! ¡Vago sin rumbo fijo, en busca de un grupo de supervivientes que pueda ayudarme!… Si alguien escucha esto sólo quiero que sepa… que no pararé hasta encontraros…- Huyó… hacía frío.

 

NACIDOS PARA CORRER

Nacidos y criados en una sociedad próspera y libre, un sistema garantista de nuestras necesidades básicas que nos ampara mientras vemos como los grandes cultos y las ideologías de masas se van quedando a un lado para dejar paso a una realidad en la que cada pensamiento y cada acto puede tener adeptos. El individualismo se ha sentado en el trono de hierro.

Contamos con vestimenta, alimentos, vivienda y la posibilidad de expresarnos libremente. Vivimos en una “megalópolis” del siglo XXI en la que todos estamos conectados y cada uno de nosotros tenemos voz.

Nuestra identidad digital está en continuo desarrollo; existe una industria que nos proporciona productos sanos y baratos para satisfacer nuestras necesidades nutricionales, así como vestimenta social y ecológicamente responsable con su fabricación; toda la información está a nuestro alcance con unos pocos movimientos dactilares, por lo que no podemos ser engañados; nos identificamos con los nuevos ídolos pues son como nosotros: personas sencillas, trabajadoras, honestas y con talento…

No podemos dejar que nos seduzca esta visión distorsionada de la realidad. Es cierto que la globalización y la posmodernidad han supuesto una sociedad llena de ventajas y oportunidades, contamos con las herramientas necesarias para conocer la información sobre cualquier tema o acontecimiento; así como para difundir nuestros pensamientos, obras o incluso nuestra vida cotidiana. El auge de la telefonía móvil, las redes sociales y la facilidad para viajar han contribuido a cultivar una tolerancia nunca vista.

Sin embargo, ningún movimiento sociocultural está exento de incurrir en su versión corrupta, tal como apuntaba Aristóteles en su reflexión sobre las formas de Gobierno. Lo que actualmente supone una conquista puede tornarse en decadencia ya que, ahora que todos tenemos poder, todos tenemos un arma. Un arma que puede ser utilizada como cada uno desee: para impartir justicia, dañar a otros, autolesionarse… La “era de la comunicación” puede convertirse en la “era del brote”. El brote de una epidemia que puede causar síntomas tales como apatía, disforia, aislamiento social y alienación. Un brote cuya Zona Cero es el mundo occidental globalizado.

 

PARAÍSOS ARTIFICIALES

Somos personas talentosas y tenaces, personas que se ven relegadas a la mediocridad y al fracaso pues nuestras obras e ideas mueren prematuramente en un mar de información y contenidos de poca calidad que veneramos y que están patrocinados por la cantidad de agujeros de nuestro cinturón, las perchas en nuestro armario y las pulgadas de nuestra pantalla, entre otras…

El corpore sano ha vencido a la mens sana, rindiendo un culto excesivo al físico sin prestar atención a que se ha invertido el orden “bio-lógico” y ahora son el aire, el agua y los alimentos los que nos consumen a nosotros. Mentes prisioneras en envoltorios esculpidos, simplemente para satisfacer demandas sociales de superficialidad (y no del salubrismo tal y como suelen disfrazarlo), cuerpos deben ir siempre vestidos con lo último sin importar de dónde proviene o en qué condiciones haya sido fabricado. El concepto de salud pública se desdibuja conforme toman fuerza ciertas tendencias.

Percibimos la realidad a través de un elemento distorsionador, prediseñado y que favorece a todo lo que se pone tras él. Este “filtro valencia” es en muchas ocasiones impuesto por los más influyentes, y en otras tantas por nosotros mismos como medida de autoprotección. Tomando prestado el concepto de John Rawls (aunque no con la misma utilidad), ponemos entre nosotros y el mundo un velo de  ignorancia, gracias al cual podemos seguir nuestro día a día sin más preocupaciones que saber qué nos ponemos, cuándo saldrá la próxima publicación de alguien irrelevante, o la ansiedad por adquirir un nuevo producto excesivamente caro para la utilidad que tiene.

 

REVISIONISMO O BARBARIE

No es fácil escapar de estos paraísos artificiales (yo por más que lo intento no lo consigo). Todas estas condiciones están insertas y forman parte de un sistema que en muchas ocasiones parece imposible de superar. No considero que sea reprochable tener intereses relacionados con la estética, las tendencias, el ocio, el deporte o la creatividad (de hecho, creo que son necesarios) ya que trabajamos duro y sufrimos calamidades para que nadie nos diga lo que nos tiene que gustar. Sin embargo, sí pienso que estos intereses tienen que estar subordinados a otros de orden superior, pues nos afectan a todos.

Es nuestro deber conocer la realidad social y actuar sobre ella con armas como la denuncia, la autocrítica y la movilización; y no renunciar nunca ante las dificultades que nos encontremos en el alcance y la repercusión de estos actos. Si no, siempre veremos lo que ellos quieren que veamos.

 

[…] Mientras ajustaba el receptor de radio intentando buscar algún rastro de humanidad al otro lado, se sintió ciudadano de un mundo atestado, a la vez que desolado; habitado por zombies con libre albedrío; sano pero infectado… Perdido y exhausto, sacó fuerzas para musitar -soy Chema Pedrosa y busco desesperadamente un grupo de supervivientes… ¿Hay alguien ahí? -.

 

Chema Pedrosa

Con estudios en Ciencias Políticas, Derecho, Marketing y Publicidad, llevo tres años siendo becario en diferentes profesiones. Un apasionado de internet, la comunicación y la música perdido en un apocalipsis zombie en el que la población está perdiendo el norte, me gustaría escribir sobre crítica social, intercalando opinión con teoría política.

Deja un comentario





Pin It on Pinterest

Share This