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Andrés Iniesta: el hombre que nunca estuvo allí

El excelso jugador manchego puso fin el pasado domingo a su histórica carrera en el Barcelona, dejando un importante agujero en el corazón culé y en el de la mayoría de aficionados internacionales.  

 

Iniesta y Gary Medel en un partido internacional

 

En realidad sí que estuvo allí. En Johannesburgo y en Londres. También en Barcelona, cuando picó un pase inimaginable para que Messi batiese al portero del Arsenal en aquellos octavos de Champions de 2011. Berlín, Wembley y Roma sirvieron de césped para su finura y el Camp Nou fue su casa hasta el pasado domingo contra la Real Sociedad, donde remató su carrera como futbolista en la élite europea de clubes. Axel Torres, en plena efervescencia por la emotividad de la despedida del centrocampista de “todos”, afirmó que Iniesta era el mejor jugador de la historia de España. Seguramente no sea cierto, pero difícilmente volveremos a ver un futbolista que haya añadido tantas instantáneas para el recuerdo de la gente de este país.

 

Qué difícil resulta acumular unas cuantas palabras sobre un jugador como Iniesta. Siempre se presentó como un infinito prestidigitador con la pelota y poseedor de una personalidad simple, suspenso en cuanto a egolatría y egoísmo. Aplaudido en prácticamente todos los campos y posicionado como ojito derecho del aficionado culé, como bien afirmó Ramón Besa, el jugador de Fuentealbilla creó un triángulo mágico junto a Xavi y Messi, aupados por la figura de Guardiola, que daría al Barcelona el mejor juego asociativo jamás visto en la historia reciente. Nunca estuvo pero siempre apareció. Los entrenadores se iban sucediendo e Iniesta, con mayor o menor protagonismo en el campo, rara vez se ausentaba. Valverde, seguramente el técnico más coherente del panorama internacional, le recuperó para esta última temporada donde el manchego rotó, pero siempre estuvo en los momentos importantes. Tras la estrepitosa caída de Roma, el equipo se levantó, remató la Liga y firmó una genial final de Copa, donde batió por 5-0 al Sevilla. Iniesta dejó su último regalo con la camiseta azulgrana con un golazo a su más puro estilo, cambiándose el balón de izquierda a derecha. La famosa “croqueta”. 

 

 

Es curioso que por lo que más se le vaya a recordar sea por dos goles, seguramente el aspecto más deficitario de este genio. Los culés llorarán durante meses su marcha y en el primer partido de la temporada que viene, no verle en el césped creará un escenario de pura amargura. La marcha de Xavi en 2015 dejó un hueco en la plantilla del que el club todavía está intentando reponerse. Mirando a corto y medio plazo, las inevitables despedidas de Busquets y sobre todo de Messi causarán un cataclismo nunca antes visto en el Barsa. Pero el caso de Iniesta siempre será algo aparte. Un amor platónico siempre correspondido. Un jugador de detalles más que de dominio, de momentos más que de historias, pero totalmente inolvidables.

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